Una hermosa "pintura" de Jack London.
El fuego lucho una batalla perdida y por fin se apagó, mientras la escarcha penetraba por las grietas del musgo que había entre los troncos y enfrío la atmósfera interior. Los perros en el exterior dejaron de ladrar, y, acurrucados en la nieve, soñaban con cielos plagados de salmón, donde no existían ni conductores de perros ni amos.
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